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Psicólogo: "El porno, cuánto más lejos, mejor"

Psicólogo: "El porno, cuánto más lejos, mejor"

Pol Jordi · 22 de julio de 2026

Hoy hablamos con Pol, un chico que se dedica a divulgar sobre psicología, sobre todo sobre las relaciones (tanto sexuales como afectivas) y del comportamiento humano (por qué haces lo que haces).


Pol no vende autoayuda ni nada por el estilo, simplemente traduce de forma muy simple conceptos complejos sobre psicología para que todo el mundo lo pueda entender.


Con Pol trataremos todo tipo de temas. Como por ejemplo de sexo. O de la hormona de la que todo el mundo habla, la dopamina. Incluso hablaremos de porno y juguetes sexuales y cómo afectan a tu relación.


En fin, no mareo más la perdiz, vamos a lo que interesa.

Bienvenido Pol, empecemos hablando de amor. Dices que el amor incondicional a una pareja es algo muy peligroso que no debería ocurrir nunca porque una relación debe tener límites. ¿Cómo debemos definir esos límites y cuáles son los límites que, a tu juicio, debería tener una relación sana?

A ver, el concepto de amor incondicional en una pareja puede sonar muy romántico y bucólico en un primer plano, recuerda al amor entre Romeo y Julieta. Pero una relación de pareja sana tiene que ser, siempre, condicional. 


Es decir, decido estar contigo y quererte bajo la condición de que exista respeto mutuo, reciprocidad real, escucha, cuidados y todo aquello que cada uno considere importante tener dentro de una relación. 


Si no hay condiciones, abrimos la puerta a tolerar dinámicas destructivas o de maltrato psicológico simplemente por la excusa de que “hay que aguantar por amor”. 


Para decidir esos límites, el paso previo es el autoconocimiento y aquí hay dos vías, o lo aprendes pronto teniendo claro qué es innegociable para ti, cuáles son tus valores fundamentales y qué necesitas para sentirte seguro, o lo aprendes “tarde” (maduración) debido a las experiencias que has vivido las cuales te han obligado a reflexionar después de tanto sufrimiento. 


A mi juicio en una relación sana debería haber respeto mutuo (un enfado no justifica una falta de respeto), reciprocidad real (no puede haber uno que siempre tire del carro y el otro se deje llevar), responsabilidad afectiva (debe haber honestidad emocional) y por último, preservación de la individualidad (no toda la vida es siempre en pareja).

Otro aspecto importante en una relación sana es el sexo, pero estamos en un punto en el que la gente quiere placer inmediato. Por una parte se han puesto muy de moda los juguetes sexuales, y por otra cada vez se consume más porno, todo para poder llegar al clímax de forma muy rápida. ¿Cómo afecta esto a una relación?

Vivimos en la era de la dopamina rápida, estamos acostumbrados a recibir dopamina a través de las redes sociales, comida rápida, y entre ellas, del porno. 


El problema es que con el consumo de porno y el querer llegar al clímax rápido lo que hacemos es activar de forma muy fuerte y rápido nuestro sistema de recompensa. Con el porno, por ejemplo, se crean unos picos de dopamina tan fuertes que nuestro umbral de excitación se dispara por las nubes. Y esto acaba llevando a la habituación. 


Por ello muchas parejas acaban teniendo sexo “fast food” donde parece que ambos tienen prisa por llegar a ese clímax. Y esto es un problema, porque a veces la otra persona puede incluso llegar a sentirse como un obstáculo lento para alcanzar el orgasmo. 


Además, también se corre el riesgo de vaciar el vínculo por completo, pues normalmente en una carrera por el orgasmo no da tiempo para comunicarse. Desaparece la vulnerabilidad, la comunicación no verbal, el ritmo natural (no como en el porno), y perdemos la capacidad de estar realmente presentes con la pareja.

¿Cómo afecta el porno a nivel cerebral? ¿Es posible revertir este daño?

En uno de los artículos que escribí expliqué que el porno reduce la materia gris del cerebro y deteriora la corteza prefrontal. El porno inunda de dopamina nuestro cerebro a través del sistema de recompensa y con el tiempo, hemos visto cómo se acaba activando también el estriado dorsal, que entre otras cosas es una región que se encarga de automatizar los hábitos. 


Al volverse un hábito, puede acabar convirtiéndose en una adicción ya que además el porno debilita la zona de la corteza prefrontal, entre ellas la dorsolateral y ventrolateral, las cuales se encargan del control de impulsos, empatía y toma de decisiones. 


Por otro lado, cuando uno se acostumbra a recibir hiperestímulos con el porno, el día en que le toca tener sexo real con una persona puede tener problemas de erección y/o orgasmo. 


Sí es posible revertir todo este daño gracias a la neuroplasticidad, pero hay casos y casos.

En caso de que una persona quiera masturbarse pero no quiera perjudicar a su relación ni a su cerebro. ¿Cómo debe hacerlo?

La masturbación no es el enemigo, de hecho, es una práctica sana de autoconocimiento y liberación de tensión. El problema está en si unimos la masturbación con el porno ya que nos atamos a hiperesíimulos artificiales.  


Es por ello que, dentro de lo más saludable, el porno cuanto más lejos mejor. 


En cuanto a la frecuencia de masturbación no hay número exacto. Si masturbarte no drena tu energía diaria ni sustituye el deseo de intimar con otra persona, estás en un rango sano. Pero en el momento en que prefieres masturbarte antes que sentir la vulnerabilidad de tener sexo compartido, ahí está el indicador. 


Los juguetes están bien, pero como complemento. Son herramientas fantásticas, pero debemos tener cuidado con el exceso de intensidad ya que, si acostumbras a tus terminaciones nerviosas a una fricción o vibración tan fuerte que un cuerpo humano jamás podrá igualar, generarás insensibilidad física. 


Hablar de todos estos temas en pareja es lo ideal, siempre debe haber comunicación, aunque algunas conversaciones sean difíciles. Esto a la larga genera una confianza muy fuerte.

También estamos en un punto en el que la gente se aburre de todo. ¿Cómo podemos hacer el sexo más entretenido para que no termine siendo algo rutinario y follemos por follar?

El aburrimiento llega porque el sexo se hace rutinario, por habituación. Cuando el subidón de la dopamina de los primeros meses pasa y el enamoramiento inicial se asienta, el sexo puede convertirse en algo predecible. Sobre todo si hacéis siempre lo mismo, en el mismo lugar y en el mismo orden, ahí el cerebro ya sabe cómo termina la película antes de empezar, por lo que desconecta. 


Muchas parejas piensan que la solución está en comprar el arnés más raro del mercado o de abrir la relación y volverse swinger, se van a extremos. Para que realmente no sea algo rutinario debemos darle novedad psicológica. 


Se puede romper la secuencia cambiando el escenario, la hora del día, quién es el que toma la iniciativa o domina. El misterio y la ligera incertidumbre activan el sistema de recompensa del cerebro muchísimo más rápido que la comodidad de la rutina. 


Es importante también cambiar la mentalidad de follar por llegar simplemente al orgasmo a follar para compartir fantasías, como vendar los ojos limitándose a los sentidos del tacto. 


Y también es importante generar y mantener esa tensión no solo en la cama, sino durante el día a día. Si no hay admiración o complicidad, si no hay unos jugueteos previos en el sofá, difícilmente habrá fuego bajo las sábanas.  


Al final a todos nos gusta ver a nuestra pareja como a alguien que todavía tienes que descubrir y conquistar.

¿Hay algún ejercicio que las parejas puedan hacer para evitar caer en estas monotonías y seguir disfrutando la una de la otra?

Hay un ejercicio clásico en terapia sexual que funciona muy bien, la focalización sensorial o también llamado el juego de la prohibición. 


Consiste en tener un encuentro íntimo donde la penetración y el orgasmo quedan estrictamente prohibidos. 


Funciona muy bien porque al tachar la meta final de la lista (el orgasmo), desaparece esa presión por el rendimiento. Dejáis de actuar para intentar llegar a un objetivo y simplemente volvéis a sentir. Y como no podéis ir al grano, el cerebro se ve obligado a explorar el cuerpo del otro más allá de las tres zonas de siempre. Por lo que vuelven las caricias lentas, los masajes, los abrazos y los besos sin prisa. 


Además, por gracia o por desgracia, a nuestro cerebro le fascina lo prohibido. Por lo que parar después ese contacto íntimo sin permitir el clímax genera una anticipación y un deseo acumulado brutales para el próximo encuentro.

Cambiemos de tema. También hablas mucho de la debilidad de las generaciones actuales. Hablas de "fluir" como excusa ante la falta de compromiso, o de tachar de tóxica una relación en la que una de las partes ha dicho una verdad incómoda. ¿Por qué opinas que está sucediendo este fenómeno y cómo podemos educar a las nuevas generaciones para que sean más comprometidas y no se derrumben ante una situación comprometida?

Considero que nos estamos volviendo bastante sensibles en cuanto a la opinión ajena, esto ya lo demuestra las generaciones más jóvenes donde se ven a adolescentes vistiendo todos de la misma forma, queriendo encajar en el grupo para sentirse aceptados. 


Cada vez se tolera menos la frustración, parte de la culpa se la llevan las redes sociales. Y ahora también tenemos a la IA que suele darte la palmadita en la espalda y apoyarte en todo. Es por eso que cuando tu pareja a la que le tienes tanto cariño, te dice una verdad que puede dolerte, automáticamente la tachas de tóxica. 


Y esa moda de fluir es solo un escudo protector para no comprometerte y evitar que te rompan el corazón. Lo veo como cobardía emocional. 


Para educar a las nuevas generaciones debemos cortar lo que estamos haciendo con las jóvenes actuales, veo a padres enfrentándose con el profesor porque éste no le ha puesto a su hijo una buena nota o porque ha decidido castigarlo por mal comportamiento. 


Para que las nuevas generaciones no se derrumben fácilmente ante cualquier problema debe existir carácter, y el carácter genera fricción. Tenemos que dejar claro que sentirse incómodo o confrontado es necesario para madurar.

Dices que nuestro cerebro quiere dopamina, y se habla mucho de que es una hormona que segrega el cerebro cuando estamos en redes sociales y que cada vez la necesitamos más. ¿Qué es realmente la dopamina y cómo nos afectan las redes sociales a la hora de segregar esta hormona?

Realmente la dopamina es el neurotransmisor de la anticipación y la motivación, se activa antes de que vayas a hacer aquello que te produce placer, por lo que realmente no es “la sustancia del placer” per se. 


Se genera en el mesencéfalo, concretamente en el área tegmental ventral y en la sustancia negra. Después tiene varias vías para desplazarse, entre ellas la vía mesolímbica el cual es el famoso circuito de la recompensa del que hemos hablado antes. 


Las redes sociales son como tragaperras de bolsillo diseñadas a medida para secuestrar este sistema gracias al refuerzo intermitente que generan. Cuando deslizas la pantalla hacia abajo, tu cerebro no sabe si la siguiente publicación será aburrida o si verás algo que te hará reír. Esa incertidumbre es exactamente lo que dispara la dopamina por las nubes. 


El problema es que tu cerebro se acostumbra a recibir dosis masivas de dopamina gratis y sin ningún esfuerzo físico ni mental, por lo que como consecuencia tu nivel base se acaba desplomando y de repente la vida analógica te parece menos interesante. Leer, trabajar en un proyecto a largo plazo o simplemente estar presente en una conversación real ya no te estimula lo suficiente porque no pueden competir con la velocidad de un algoritmo diseñado específicamente para retenerte. 


Se puede ver a diario, por ejemplo, en los gimnasios, entre serie y serie mucha gente está pegada al móvil porque no son capaces de “aburrirse”. Y esto en verdad es un bucle que hace que disminuya la socialización real, por lo que la persona se va volviendo más introvertida.

¿Cómo podemos reeducar nuestro cerebro para que no nos pida tanta dopamina?

Debemos ser capaces de identificar de dónde recibimos esa dopamina rápida, y aquí ya hemos hablado de algunas de ellas. Lo ideal sería ir disminuyendo esos estímulos o cortarlos de raíz sometiendo a tu sistema a un ayuno de dopamina. 


Tenemos que aprender a aburrirnos, ya que en el aburrimiento es cuando se enciende la red neuronal por defecto la cual se encarga de consolidar recuerdos y conectar ideas aparentemente lejanas. Es por eso que se te ocurren las mejores ideas en la ducha. 


Y, por otro lado, debes obligar a tu cerebro a ganarse la recompensa con esfuerzo real. Puede ser haciendo deporte, avanzando en un proyecto personal, ir a hacer la compra, quedar con amistades, leer, etc. 


Al final la clave está en cambiar la gratificación inmediata por el esfuerzo sostenido.

¿Qué cambios notaría una persona que ya no es tan adicta a la dopamina y cómo afecta esto al día a día?

El primer gran cambio es que recuperas tu capacidad de atención. 

Al dejar de freír tus receptores con estímulos constantes, puedes volver a sentarte a leer, estudiar, a estar presente y poder trabajar en un proyecto complejo sin sentir esa ansiedad fantasma que te empuja a buscar el móvil cada dos por tres. Recuperas el control absoluto de tu tiempo y de tu mente.

También afecta emocionalmente, ya que consigues notar una calma inmensa, tu estado de ánimo se estabiliza. Tu energía se mantiene firme durante todo el día y desaparece esa apatía crónica y ese cansancio que no sabías de dónde venía y que te robaba las ganas de hacer cosas.

Con el tiempo, las cosas simples te vuelven a llenar de verdad. Vuelves a disfrutar de una buena conversación cara a cara, de salir a correr, de esforzarte entrenando o del simple hecho de estar en silencio. Dejas de necesitar hacer scroll y de estar siempre entretenido en una pantalla para sentirte vivo, y empiezas a saborear la tranquilidad de estar plenamente presente en tu propia vida.

Volviendo al tema de las relaciones pero siguiendo con el de la dopamina. He escuchado que cuando una persona no puede dejar de estar en una relación que sabe que es tóxica, o que sale de una relación tóxica y se mete en otra igual, es porque su cerebro le recuerda buenos momentos con esa pareja tóxica y dispara su dopamina, por eso la persona no puede salir de este bucle. ¿Puede una persona reeducar su cerebro para no volver a caer en este tipo de relaciones tóxicas?

Tu cerebro se engancha con la incertidumbre (como al hacer scroll, o con aquella serie de Netflix), ya que genera un refuerzo intermitente. Como nunca sabes cuándo llegará la próxima muestra de cariño o cuándo estallará el próximo conflicto, tu sistema nervioso vive en un estado de alerta máxima.


Cuando esa persona que te ha tratado mal de repente te da una simple migaja de afecto, el contraste emocional es tan bestial que tu cerebro libera una cantidad de dopamina brutal. Y sin darte cuenta, te vas volviendo adicto a esa sensación de alivio. 


Por eso, cuando sales de ahí y conoces a alguien estable, te parece aburrido. Tu cerebro se ha acostumbrado a una montaña rusa emocional y confunde el miedo y la adrenalina con el amor.


Una persona sí puede reeducar su cerebro por completo para salir de este bucle, pero llevará más o menos tiempo y con más o menos esfuerzo dependiendo de la persona y de las experiencias previas en la vida.


Para ello la clave es hacer contacto cero para poder cortar la fuente de dopamina de raíz, al igual que comenté anteriormente con las redes sociales. 


No va a ser fácil, vas a atravesar un síndrome de abstinencia real donde tu mente solo te proyectará los recuerdos idealizados para intentar conseguir su dosis, cual droga. 


Pero si aguantas ese dolor y mantienes distancia, tus receptores se calman y el sistema nervioso vuelve a su estado base. El trabajo final es aprender a tolerar la tranquilidad y enseñarle a tu cuerpo que el amor sano te da paz y calma, no ataques de ansiedad.


Te dejo por aquí las redes de Pol por si quieres aprender más.